LA VÍCTIMA DE ACOSO ESCOLAR Y EL GRUPO

Una víctima de acoso escolar tiene buenas razones para no denunciar su situación. Piensa que si lo cuenta a un adulto, probablemente el acosador le tome más tirria y le ataque con más violencia. También duda de la eficacia de los adultos para neutralizar el agresor. No en vano la mayoría de los ataques se producen en lugares y momentos en los que los profesores no ejercen apenas control, como los intermedios entre clase y clase, el recreo o los baños.


Hay otro motivo no menos decisivo según la apreciación de la víctima para no contárselo a los profesores o a sus padres. Piensa que, con el tiempo, terminará por caer bien a su acosador y éste ya no le molestará tanto. Si encima se hace su amigo, mejor que mejor, porque el acosador suele tener un buen predicamento entre sus compañeros.


Lo que más desea un alumno entre 11 y 14 años, periodo en que se da con mayor frecuencia el acoso escolar, es que el grupo lo acepte. Y lo que más teme es qué el grupo lo rechace.


En el acoso escolar se da una escalada perversa de violencia física y psicológica. En una primera fase, la víctima se convierte en el hazmerreír del grupo. En esta fase la víctima mantiene una relación, aunque sea mala, con sus compañeros. Pero el acoso avanza y, finalmente, se produce la exclusión de la víctima. A tanto ha llegado el desprecio de sus compañeros hacia la víctima, que no le permiten jugar ni realizar ninguna actividad con ellos.


La perfección del acoso llega cuando el alumno, que a todas luces está siendo tratado de una forma injusta y despiadada, acaba asumiendo que la culpa la tiene él mismo. Ha intentado por todos los medios a su alcance cambiar su situación: ha procurado ser amable con su acosador; se ha esforzado para integrarse en el grupo; e, incluso, se ha reído de sí mismo cuando le han hecho alguna trastada. Pero no ha conseguido dejar de ser la víctima, porque, concluye, el culpable de lo que le sucede es él, todo él.


Algunos autores comparan el acoso escolar con el argumento de una tragedia o de una novela negra. El alumno que sufre las agresiones es víctima y culpable a la vez, mientras que el grupo se presenta a sí mismo como inocente.

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