CHIVARSE ES DE VALIENTES. STOP BULLING

Contra la ley del silencio, contra la ley del más fuerte


Lo hemos visto en un montón de películas sobre la mafia. Un mafioso cobra a un comerciante una cantidad de dinero para protegerlo. ¿De quién lo protege? Del mismo mafioso, porque si no paga le causará daños importantes a él o a su negocio. En caso de que el propietario lo denuncie a la policía, las represalias serán aún peores. Si alguien ajeno observa estos delitos y decide comunicárselo a las autoridades, también corre grandes peligros que le pueden ocasionar la muerte. Es la omertá o ley del silencio. La omertá, bajo la apariencia de un código de honor, asegura a los criminales la impunidad de sus delitos. La ley del silencio es la coartada para ejercer la ley del más fuerte.


En el acoso escolar se da una circunstancia análoga. Los expertos en el tema hablan de “ley del silencio” en el acoso escolar porque se da de espaldas a las figuras de autoridad (los padres y los profesores). La violencia contra la víctima se ejerce en secreto y nadie, ni la víctima ni los espectadores, lo comunicarán para acabar con esa situación tan injusta y contraria a las normas de convivencia.

 


Estamos hablando de entre 25 y 30 alumnos de un mismo grupo concertados en permitir un abuso y un daño que conocen a ciencia cierta que está mal. No lo comunican porque saben que los adultos desaprueban tales actos y que tomarán medidas para acabar con ellos.


Cuando se les pregunta a los alumnos por qué no denuncian el acoso escolar, contestan que no quieren ser chivatos. Ser chivatos, según ellos, conllevaría el deshonor y el descrédito ante el grupo.


El grupo de alumnos establece sus propias normas y los que quieran pertenecer al grupo deben cumplirlas. Una de las normas fundamentales es no cruzar la línea entre el mundo de los adultos y el mundo de los alumnos. Chivarse implica, a ojos del grupo de alumnos, saltarse esa línea y, por lo tanto, convertirse en un traidor.


Los grupos de alumnos se convierten, de este modo, en grupos cerrados con su particular código. En los grupos cerrados para defenderse solo cabe un camino: tomarse la justicia por su mano. Es lo que se llama la “justicia privada”. El acosador transgrede la ley cuando agrede a su víctima; la víctima, para acabar con el acoso que sufre, debe vencer al acosador con sus mismos medios.


El acoso escolar se basa en un modo primitivo y elemental de relacionarse. El acosador impone la ley del más fuerte con el consentimiento del grupo. A la víctima solo le queda vengarse utilizando la violencia física o psíquica.
El problema es que la víctima está muy bien elegida por el acosador. Es menos fuerte física y psíquicamente, con lo que, desde el principio el acosador se ha asegurado de su poca capacidad de reacción.


Está claro que entre las medidas preventivas contra el acoso escolar, está facilitar que los espectadores y la víctima denuncien. Hay que convencerles de que no es de cobardes comunicar las injusticias a los padres o a los profesores, sino todo lo contrario. Es importantísimo dejarles claro que no tolerar y denunciar las injusticias es propio de valientes. “Chivarse es de valientes. Stop Bullying.”

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