LA INCOMPETENCIA DE LAS MUJERES EN LA EDUCACIÓN DE LOS HIJOS

En el siglo XVIII creían que era mejor alejar a los niños de 7 años de la influencia de las mujeres porque la naturaleza de estas era inferior.  

Con el fin de que los hijos varones no acabaran siendo unos consentidos, los ilustrados intentaron concienciar a los padres de que tomaran las riendas de su educación, aunque para ello tuvieran que imponer su criterio a sus esposas.

Muchas obras de teatro trataban de lo mal educado que estaba un joven por culpa de su madre, y terminaban con que el padre decidía que el único modo de reconducir a su hijo era apartarlo de la influencia materna. En El señorito malcriado, de Tomás de Iriarte, la separación que impuso el padre fue completa: el joven viviría durante cinco años en otra ciudad para evitar cualquier contacto con la madre.

La mala edución._Jean Baptiste Greuze

Mujeres inferiores

De las madres, por su naturaleza blanda y sentimental no cabía esperar que educaran bien a sus hijos varones; según los ilustrados, los mimaban en exceso y, por lo tanto, los hacían débiles y propensos al vicio.

Las madres eran las responsables últimas de que existieran los tipos de jóvenes inútiles de la época, esto es, el petimetre y el majo. Que las hijas aprendiesen a ser amas de casa con sus madres era lo correcto; pero a los hijos varones, en cuanto acabara su crianza, había que alejarlos de la mala influencia femenina.

Las madres no estaban capacitadas, por la formación que habían recibido, para educar a sus hijos varones. Por ello, Josefa Amar y Borbón, que defendía que las madres educasen a sus hijas personalmente en vez de mandarlas a un convento, recomendaba que cuidasen a sus hijos varones sólo hasta la edad de mandarlos al colegio:

La educación de los hijos varones puede decirse que corre a cargo de las madres hasta la edad competente en que han de comenzar los estudios, o aplicarse a alguna carrera, en cuyo caso ya es necesario que los más salgan de sus casas para entrar en escuelas o colegios; pero siempre es muy conveniente inspirarles en aquellos primeros años el respeto debido para que no lo olviden aun cuando estén distantes.

Se quebró el cántaro. Goya

Alejar los niños de las madres

Por descontado que mientras el hijo varón se quedase en casa, se le educaría separado de las niñas. La muy avanzada condesa de Benavente disponía en su casa de una institutriz francesa para sus hijas y un preceptor para sus hijos.

Félix María de Samaniego recordaba de su infancia que, a la vez que aprendía las conjugaciones latinas y el vocabulario francés bajo la atenta mirada de un abate galo, escuchaba con envidia las risas de sus hermanas mayores que bromeaban en el patio entretenidas con las labores de aguja y bastidor.

Educación de las niñas. Jean Siméon

Los niños siempre entre hombres

En principio los padres varones, aunque se les aconsejaba que supervisaran la educación de todos sus hijos, quedaban al margen de la tarea de educar a las hijas siempre, y de los hijos varones durante la niñez. Pero a partir de que estos últimos cumplían los siete años, los padres no debían dejar su educación en manos de ninguna mujer.

Cuando las ocupaciones de los padres les impidieran vigilar los progresos que hacían sus hijos con los preceptores que ellos les hubieran asignado, lo mejor era llevarlos a un colegio interno. Es lo que hizo el marqués de Llanos, hombre ejemplar según Jovellanos, con su hijos:

Después que le vio fuera de aquellos tiernos años en que una triste necesidad tiene a los niños rodeados de mujeres incautas e ignorantes, procuró el ilustrísimo marqués que su hijo saliese a recibir su educación literaria fuera de su familia. Por una parte advertía que las graves funciones de su empleo no le permitían aplicar a este objeto el desvelo necesario, y por otra conocía las distracciones y los riesgos de la educación doméstica. El momento era el más crítico de la enseñanza. En él la ignorancia, el descuido, la superstición o la malicia concurren, juntos o separados, a desenvolver en el hombre las primeras semillas del vicio, que saca dentro de sí desde que nace a respirar. Por esto colocó nuestro marqués a su hijo en el Seminario de Nobles, siendo de sólo siete años.

Por si alguien tiene alguna duda, cualquier persona con dos dedos de frente sabe que estas ideas no son aplicables actualmente.

Texto relacionado con el libro El viejo truco del amor